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Alimentos sin etiqueta en castellano

Alimentos sin etiqueta en castellano

Muchas veces hemos reflexionado sobre la necesidad de tomar en consideración varios criterios a la hora de tomar nuestras decisiones de compra; el precio es, por supuesto, importante, pero también lo es el proceso de formación de precios del producto que vamos a comprar. Debemos pararnos a reflexionar si de verdad merece la pena ahorrarnos unos pocos euros en ese artículo tan increíblemente barato, porque para llegar a ese precio, es probable que el productor haya ahorrado en el respeto a los derechos de los trabajadores, en la calidad de los productos o en el tratamiento de los residuos de forma respetuosa con el medio ambiente. En la mayoría de las ocasiones, el efecto más visible para el consumidor es la falta de calidad de los mismos; en otras, las autoridades de consumo cumplen su trabajo retirando de la venta artículos potencialmente peligrosos, especialmente, para los niños pequeños; pero hemos detectado que, además de juguetes, ropa, libretas o utensilios de cocina, en las tiendas de comercio asiático se vende también comida. En algo tan importante como los alimentos, ¿se respeta nuestra normativa?

La importancia del etiquetado

El etiquetado de los alimentos desempeña un papel esencial para que los consumidores puedan tomar decisiones conscientes sobre lo que compran y consumen. Proporciona información clave como la lista de ingredientes, valores nutricionales, alérgenos, fecha de caducidad, origen del producto o instrucciones de uso y conservación.

Además, en un contexto de creciente preocupación por la salud, la sostenibilidad y la transparencia, el etiquetado ayuda a identificar productos que cumplen con criterios específicos, como ser ecológicos, bajos en azúcares o libres de transgénicos.

Uno de los aspectos más relevantes del etiquetado es la identificación de alérgenos, ya que permite prevenir reacciones adversas en personas con alergias o intolerancias alimentarias. Por ejemplo, los consumidores con intolerancia al gluten pueden buscar etiquetas que certifiquen que un producto es «sin gluten», minimizando riesgos para su salud.

Por otra parte, el etiquetado permite comparar productos para seleccionar opciones más saludables o sostenibles. Esto se refuerza con herramientas como el NutriScore, un sistema de etiquetado nutricional adoptado por varios países europeos, que clasifica los alimentos según su calidad nutricional con un código de colores del verde al rojo.

En España, el etiquetado se regula principalmente por la normativa europea, concretamente el Reglamento (UE) Nº 1169/2011 sobre la información alimentaria facilitada al consumidor, que establece requisitos generales y específicos para los alimentos comercializados en la Unión Europea que obliga, entre otras cosas a indicar la denominación del alimento, la lista de ingredientes, la cantidad neta, la fecha de duración mínima o fecha de caducidad o las condiciones de conservación y uso. Evidentemente, y para que el etiquetado pueda cumplir su misión de informar al consumidor, es obligatorio que toda esta información aparezca en castellano. Y aquí  está el problema.

Nuestro estudio

Hace ahora casi trece años, publicamos un informe denuncia la venta de alimentos que incumplían la normativa de etiquetado. Para comprobar la situación actual y si ha mejorado lo que encontramos entonces, hemos vuelto a algunas de las tiendas que visitamos en su día y, es cierto, el panorama es más tranquilizador. Pero seguimos encontrado multitud de alimentos que no cumplen la normativa en algunas de las referencias que hemos comprado.

Como decíamos, el primer principio básico del etiquetado de cualquier producto a la venta en nuestro país es que su contenido debe estar redactado, al menos, en castellano. Y, en el mejor de los casos, los productos estudiados tratan de adaptarse a esta exigencia colocando una etiqueta adhesiva sobre la original.

Esto lo hacen, es cierto, muchos de estos productos. Pero hemos encontrado al menos seis referencias (alimentos) que, directamente, no sabemos lo que son, porque no indican ni el nombre comercial en castellano; y no bastará con aplicar nuestros posibles conocimientos de inglés para traducir algunas de sus características, pues el etiquetado de muchos de ellos figura exclusivamente en caracteres orientales.

De los que han adaptado su etiquetado al español, tampoco cumple la norma ninguno, y para comprobarlo basta traducir la información que muchos de ellos sí incluyen en inglés. Por ejemplo, y en lo que se refiere a la lista de ingredientes, cuatro de ellos tienen mal traducidos algunos de sus componentes; o, en el proceso de traducción, han “olvidado” incluir alguno de ellos. Así, en el envase de las “Pipas de sandía”, se confunde el clavo con el comino y se olvida incluir que contiene melaza, que sí aparece en el listado en inglés; y en el “aceite de chili”, se han dejado por el camino la chalota, además de que en inglés sí indican el porcentaje de cada ingrediente, y en la traducción al castellano, no lo hacen.

Dentro del listado de ingredientes, la norma española otorga especial importancia a la indicación de componentes susceptibles de provocar reacciones alérgicas, obligando a destacarlos para evitar su ingesta por parte de personas que puedan sufrir algún problema de salud. Pero también este listado se “olvida” en la traducción del etiquetado inglés; así en el envase de “Arroz dulce pa pau” aparece la leyenda “Allergy information: this product contains wheat and peanuts”, es decir, que quien sepa inglés sí podrá saber que este producto contiene trigo y cacahuetes, dos ingredientes específicamente contemplados como alérgenos en la norma general de etiquetado alimentario.

La fecha de caducidad

Siendo la indicación de la fecha de caducidad o consumo preferente uno de los elementos esenciales del etiquetado, pues indica hasta qué momento puede consumirse ese producto en perfectas condiciones, la norma de etiquetado es especialmente exigente en la claridad de su mención, e impone desde la leyenda que debe indicarla hasta el orden de los dígitos que marque la fecha. Sin embargo, en la mayoría de los artículos adquiridos, el orden en el que se colocan estos dígitos es incorrecto, pues la norma española obliga a poner primero el día, luego el mes y finalmente el año; en estos productos, el orden se invierte, lo que puede llevar a confusión.

Instrucciones de uso

 Si decíamos antes que algunos productos salvan ciertas indicaciones obligatorias con la adhesión de etiquetas sobre el envase original, no se ha previsto dejar espacio para las indicaciones sobre conservación o utilización; así, si no sabemos inglés, no sabremos cómo preparar los “fideos de arroz”; o que, antes de comer la “pasta de arroz”, debemos saltearla y dejarla en remojo durante, al menos, veinticuatro horas. Tampoco se indica en ningún caso si existe alguna peculiaridad en la conservación del producto.

Por último, sólo cuatro de los artículos adquiridos indican con claridad el lote de producto, esencial para que las autoridades puedan actuar si detectan cualquier problema de salubridad en alguno de ellos, pues gracias a ese dígito, se puede seguir hacia detrás la cadena de distribución, determinar en qué establecimientos se ha servido, y de qué almacén o distribuidor ha salido.

Conclusión

 La presencia de alimentos en el mercado español cuyo etiquetado no está en castellano representa un problema tanto para la seguridad alimentaria como para los derechos de los consumidores. El etiquetado en el idioma oficial del país no solo es un requisito legal, sino también una garantía de acceso a información clara y comprensible sobre los productos que consumimos, incluyendo sus ingredientes, alérgenos y condiciones de conservación.

Por ello, instamos a las autoridades competentes a tomar medidas contundentes para garantizar el cumplimiento de la normativa vigente y proteger a los consumidores.

Es fundamental intensificar las inspecciones, sancionar a quienes incumplan las reglas y fomentar la concienciación entre fabricantes e importadores sobre la importancia de un etiquetado adecuado. Solo a través de una acción firme y coordinada podremos asegurar que los derechos de los ciudadanos sean respetados y que el mercado cumpla con los estándares de transparencia y seguridad que merecemos.

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