Qué es la reduflación
El término reduflación procede de la palabra inglesa shrinkflation, un acrónimo de shrink, reducción, y flation, inflación. La reduflación es, en realidad, una inflación encubierta. Se produce en momentos muy puntuales como respuesta de los fabricantes, ante una subida de las materias primas con las que elaboran sus productos o por el incremento de los costes de los procesos de manufactura.
La reduflación se origina cuando las marcas, en lugar de aumentar los precios de sus artículos, optan por reducir las cantidades sin alterar el tamaño de los envases. De esta forma, el consumidor —en principio— no aprecia cambio alguno, salvo que mire detenidamente el peso o el volumen declarado en el paquete.
La reduflación es claramente una táctica engañosa, pero no es ilegal. Los fabricantes que la aplican no hacen nada prohibido y a cambio salvan los muebles abaratando costes. Muchas veces estas reducciones de tamaño están argumentadas por mantras saludables: qué mejor manera de justificar esos nachos de menos en la bolsa o ese bollo más pequeño, que invocando a las calorías, los carbohidratos, las grasas saturadas y los azúcares.
En 2017 la Oficina Nacional de Estadística del Reino Unido hizo un estudio sobre cómo afectó la reduflación al incremento del Índice de Precios al Consumidor (IPCH) entre enero de 2012 y junio de 2017. ¿Su principal conclusión? Si bien determinados productos no habían experimentado grandes variables de precio, sí lo había hecho su cantidad. Este fue el caso del azúcar, la mermelada, los siropes, el chocolate y la confitería procesada. Por decirlo de otra manera, los investigadores determinaron que la reduflación no se apreciaba de forma similar en todos los sectores de la alimentación, solo en algunos muy seleccionados.
Un año más tarde, en 2018, un grupo de periodistas ingleses de la BBC comprobaron sobre el terreno cómo esos dulces de los que hablaba la Oficina Nacional de Estadística habían encogido de tamaño. Analizaron al detalle el peso y las dimensiones de 19 chocolatinas en 2014 y 2018. Entre estos años, 18 habían mermado de peso notablemente, entre un 28,1% y un 7,8%. ¿Y qué había pasado con sus precios? En este caso no
había correlación entre una disminución de gramos y de libras, puesto que 15 productos eran más caros en 2018 que en 2014, entre un 70,9% y un 9,7%.
En nuestro caso, en 2022 publicamos un estudio en el que encontrábamos casos muy llamativos. Por ejemplo, si hasta ese momento uno de los productos de nuestra cesta de la compra era un paquete de 500 gramos de fideos, de la marca Gallo, lo que encontramos hoy es, el mismo paquete, pero de 450 gramos; eso sí, aun precio aún superior que el último obtenido.
Respuestas regulatorias: el caso de Francia
Mientras la reduflación se mantiene como una práctica legal si se informa correctamente de la cantidad de producto que contiene el envase, algunos países han decidido tomar cartas en el asunto. Por ejemplo, en Francia, el Gobierno anunció que prohibirá la reduflación, y desde noviembre cualquier producto que modifique su cantidad deberá indicarlo claramente en las etiquetas.
Grandes cadenas como Carrefour han empezado ya a advertir a sus clientes cuando algunos productos han visto reducido su contenido sin que lo haya hecho su precio, una medida que busca presionar a los fabricantes para que reconsideren sus políticas.
Consejos para no caer en la trampa de la reduflación
Recomendamos a los consumidores revisar siempre la información detallada sobre el tamaño, el peso o el número de unidades presentes en el envase antes de realizar la compra. Además, animamos a utilizar reglas de tres para calcular qué proporción de reducción se ha aplicado y compararla con la evolución de precios de la competencia.
Penalizar a las marcas que abusen de esta práctica beneficiará a la economía doméstica y transmitirá a las propias compañías el mensaje de que sus estrategias no están siendo aceptadas por el público.
Somos los consumidores quienes debemos exigir a las empresas transparencia, dejando claro que no todo vale en el mercado. Por este motivo, vigilar los envases, consultar el etiquetado y comparar ofertas se convierte en la mejor defensa frente a la reduflación.

