VIII Barómetro de Hábitos de Consumo: el consumidor medio es una falacia
El próximo día 15 de Marzo se celebrará el Día Mundial de los Derechos de la Persona Consumidora. Esta efeméride nos recuerda que todos somos consumidores y que, como tales, tenemos derechos que nos protegen. Y es innegable que esa protección ha mejorado, y mucho, en las últimas décadas, aunque sigue habiendo matices.
Estamos muy acostumbrados a observar que la realidad española cambia según el territorio en el que se viva. La subida de precios de la energía o los alimentos, que es la misma en todo el país, no afecta de igual forma a quienes viven en Madrid que a quienes vivimos en Extremadura. Diferencias salariales muy importantes para precios de bienes y servicios esenciales prácticamente iguales. Por eso, es necesario bajar al territorio y conocer cómo consumimos en Extremadura, cuáles son nuestros hábitos de consumo y nuestra situación financiera. Por eso, un año más, y van ocho, hemos salido a la calle para preguntar a nuestros vecinos sobre sus hábitos de consumo. Y nos ha servido para obtener un primer titular: el concepto de “consumidor medio” es una falacia, pues las diferencias, no ya entre comunidades autónomas, sino entre municipios o rangos de edad, son enormes.
Empezamos llamando a la puerta
Como si de una visita a un conocido se tratara, empezamos nuestra encuesta llamando a la puerta de la vivienda de los extremeños. Y aquí tenemos la primera pista sobre lo falaz de las estadísticas. El dato general nos dice que tres de cada cuatro extremeños tienen vivienda en propiedad. Sin duda, un buen dato si consideramos la importancia que le damos a ser propietario en España. Pero si descendemos al detalle, vemos una diferencia abismal según la edad del encuestado. Si trazamos una línea que separe a los extremeños por su edad y la fijamos en los 45 años, vemos como los más jóvenes tienen serios problemas para comprar una vivienda. De hecho, solo es propietario de una el 20% de quienes tienen vivienda; sin embargo, en el rango por encima de los 45 años ese porcentaje es del 80%.
Al poner el foco en el segmento de edad comprendido entre los dieciocho y los treinta años, la encuesta arroja un dato que nos debe llevar a la reflexión: la opción habitacional mayoritaria no es la compra, ni siquiera el alquiler, sino una categoría difusa denominada «otros», que esconde la realidad de la permanencia en el hogar familiar o la residencia en habitaciones compartidas. Casi un 40% de los jóvenes encuestados se encuentra en esta situación, un dato alarmante que se reafirma por los recogidos en Eurostat, que constata que la edad media de emancipación en España sigue enquistada por encima de los 30 años, mientras que sus coetáneos europeos abandonan el nido, de media, a los 26,4 años.
En relación al alquiler de vivienda, la media general indica que algo menos de la mitad de los inquilinos sufre más que el año pasado para pagar la renta.
En cuanto al préstamo hipotecario, de aquellos extremeños que nos confirman tener actualmente una hipoteca (que son menos de la mitad), el 45,76% la tiene a tipo fijo; el resto variable. La contratación al alza de la hipoteca fija demuestra que los extremeños cada día más prefieren eliminar el riesgo de las subidas del Euribor de los últimos años.
Y dentro de casa, ¿Cómo estamos?
Avanzando hacia la gestión de la economía doméstica, la autopercepción financiera de los hogares no es especialmente optimista. La respuesta más repetida cuando pedimos que describan su situación financiera es la de tener ingresos «suficientes para llegar a fin de mes». Esta mayoría entendemos que representa a una clase media que ha perdido su capacidad de expansión económica, viviendo en un equilibrio frágil.
Sin embargo, al mirar hacia los extremos, encontramos situaciones más complicadas que las grandes cifras macroeconómicas suelen diluir en “las medias”. Por ejemplo, casi el 17% de los encuestados define su situación financiera como «difícil» para llegar a fin de mes.
También está experimentando un cambio importante la forma en que consumimos, aunque a velocidades muy distintas según quién pague. Nuestros datos certifican que la tarjeta bancaria se ha consolidado como la herramienta hegemónica para el gasto diario, relegando al efectivo a un papel secundario. Mientras, casi la mitad de los jóvenes menores de treinta años ya ha abandonado incluso el plástico para pagar exclusivamente con su teléfono móvil. Más allá de una preferencia cultural, este dato podría estar alertando sobre un fenómeno de exclusión financiera severa, donde el cierre de sucursales bancarias y la retirada de cajeros en el entorno rural obligan a la población a aferrarse a la tarjeta o al dinero físico que, en muchas ocasiones, sacan en cajeros de la población cabecera de comarca, como única vía de intercambio segura y accesible.
Pero quizás el ámbito donde las desigualdades se hacen más palpables y peligrosas es en la cesta de la compra. La inmensa mayoría de los encuestados admite haber modificado su forma de comprar, refugiándose masivamente en las ofertas y en las marcas de distribuidor (marcas blancas). Pero lo verdaderamente alarmante surge cuando la estrategia de ahorro deja de ser cambiar de marca y pasa a ser dejar de comer lo necesario. En algunas poblaciones, la compra de productos frescos ha caído muy notablemente, lo que, más que un problema económico, puede derivar en un problema de salud pública al ser sustituidos por alimentos ultraprocesados.
En relación a la preferencia para realizar la compra de alimentos, los extremeños en un 76% seguimos apostando por los supermercados, le sigue el pequeño comercio con un 40%, y por último los hipermercados en casi el 21%.
Por otro lado, la mayoría de nuestros encuestados (57,1%) no se siente protegido como consumidor. Pero nuevamente encontramos grandes diferencias si bajamos al detalle, pues mientras en las zonas más pobladas el grueso de las reclamaciones se centra en la banca, en las zonas rurales de Cáceres las reclamaciones se disparan contra las compañías eléctricas y de telefonía, evidenciando una infraestructura deficiente que castiga al habitante rural con cortes y mala cobertura.
En cuanto a nuestra conciencia ambiental, es muy buena noticia que las tasas de reciclaje general aumenten año tras año. Tanto es así que casi el 72% de los extremeños nos afirma que reciclan en casa.
Por otro lado, el desperdicio alimentario, que Europa intenta combatir, sigue siendo un problema, ya que casi la mitad de los extremeños tiró comida a la basura en los últimos días, la mayoría, por sobras o alimentos estropeados.
Como novedad en este barómetro, hemos preguntado sobre las principales preocupaciones como consumidores, y no nos hemos encontrado sorpresas: el coste de los alimentos (38%), el acceso a la vivienda (27,4%) y el precio de la energía copan este lamentable ránking (19,7%). Eso sí, y como siempre, con enormes diferencias. Así, tres de cada cuatro jóvenes están muy preocupados por la vivienda, mientras que eso solo le quita el sueño al 6% de los mayores de 65.
Conclusión
Nuestro VIII Barómetro de Hábitos de Consumo en Extremadura actúa como un espejo que estuviera roto y que nos devuelve múltiples reflejos de una misma sociedad. Nos muestra que Extremadura comparte las grandes tendencias nacionales y europeas —el auge de la marca blanca, la digitalización juvenil, la cultura de la propiedad— pero que, al mismo tiempo, sufre de manera amplificada sus consecuencias más negativas. La brecha joven en vivienda, la exclusión financiera rural y el empeoramiento nutricional en zonas vulnerables son mucho más profundas aquí que en el promedio. No existe un único consumidor al que dirigir las políticas públicas o las estrategias empresariales; existen ciudadanos que viajan en tren de alta velocidad hacia el futuro digital y vecinos que se han quedado en el andén, haciendo esfuerzos para pagar la luz y renunciando a la carne o al pescado fresco.
Entender y atender esta dualidad es el único camino para recomponer el espejo.

