Cómo prevenir el cáncer de piel este verano
El cáncer de piel es uno de los tipos de cáncer más fáciles de tratar, con una tasa de curación muy alta. Pero para ello, se hace necesaria la concienciación ciudadana, para conocer los síntomas y signos de presentación del cáncer de piel es actualmente baja. Es necesario conocer los riesgos derivados de la exposición solar para poder modificar las conductas.
Según la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), el incremento de la incidencia de tumores cutáneos se relaciona con la exposición a la radiación ultravioleta y el tipo de piel. El tipo de exposición solar causante del cáncer de piel parece ser diferente para cada uno de los tipos Las lesiones cancerosas suelen aparecer en las zonas que con mayor frecuencia están expuestas a los rayos (UVA y UVB) como la cara, el cuello, la espalda y las extremidades. Es más común en personas de más de 50 años, pero cualquiera puede resultar afectado.
Los niños y los adolescentes son particularmente vulnerables a los efectos nocivos de las radiaciones ultravioleta. Hay que recordar que nuestra piel tiene “memoria” y almacena las sucesivas veces que la hemos sometido a un sol excesivo. Además, el 80% del daño solar se produce antes de los 18 años, por lo que la educación a estas edades es fundamental para prevenirlo y aprender a detectarlo precozmente.
El tipo de piel también es importante. Las personas de piel clara sufren más quemaduras solares y tienen un riesgo más elevado de cáncer de piel que las de piel oscura. Sin embargo, a pesar de que la incidencia de cáncer de piel es menor en las personas de piel oscura, los cánceres suelen detectarse más tarde, en un estadio más peligroso. El riesgo de lesiones cutáneas, envejecimiento prematuro de la piel e inmunodepresión es independiente del tipo de piel.
La Organización Mundial de la Salud recomienda las siguientes medidas para protegerse de la exposición excesiva a las radiaciones ultravioleta.
- Limitar el tiempo que se pasa bajo el sol de mediodía.
- Preferir la sombra.
- Usar prendas protectoras, incluyendo un sombrero de ala ancha para proteger los ojos, el rostro y el cuello.
- Usar gafas de sol cerradas a los lados que den una protección de 99% a 100% contra las radiaciones ultravioleta A y B.
- En las zonas de la piel que no estén cubiertas por la ropa, untar abundantemente y renovar con frecuencia un filtro solar de amplio espectro con un factor de protección solar (FPS) de 30+. Los filtros solares no deben usarse con la idea de prolongar el tiempo que se pasa al sol y las personas que los usan para broncearse deben ser conscientes de la necesidad de limitar el tiempo que se exponen al sol.
- Evitar las camas bronceadoras: el uso de estos aparatos antes de los 35 años de edad se acompaña de un aumento del 75% del riesgo de melanoma maligno. Las camas y las lámparas bronceadoras no deberían usarse a menos que sea bajo supervisión médica. La OMS recomienda prohibir su uso en los menores de 18 años.
- Proteger a los bebés y los niños pequeños: siempre se debe mantener a los niños a la sombra.
- Evitar la exposición solar entre las 11 de la mañana y las 5 de la tarde.

