Según diversas mediciones realizadas por varios expertos, un cargador moderno sin ningún tipo de dispositivo suele consumir entre 0.26 y 0.5 vatios. La Unión Europea calcula que mantener todo el año conectado un cargador puede llegar a representar entre 2.5 y 4.5 kWh. Esto no quiere decir que tu recibo de la luz se dispare de manera estrepitosa por dejar conectado el cargador, ya que el impacto que tiene de manera individual es bajo. Pero sí representa energía desperdiciada, sobre todo si en casa hay varios cargadores, tabletas y otros dispositivos conectados todo el día.
Mantener el cargador enchufado puede acortar su vida útil
La respuesta es sí. Un cargador no es solo una simple pieza de plástico y un cable. Dentro está compuesto por condensadores, reguladores y transformadores que convierten la corriente continua para la batería del dispositivo.
Cuando el cargador siga enchufado, esos componentes siguen expuestos a la tensión eléctrica, aunque no esté cargando. Lógicamente, no se va a descomponer de un día para otro, pero el uso permanente puede llegar a reducir su vida útil con el paso del tiempo.
Normalmente, la señal principal suele ser el calor. Cuando tocas un cargador que ya no está conectado a un móvil y aun así sigue estando cálido, significa que sigue recibiendo energía.
Qué cargadores presentan más riesgos si permanecen enchufados
El problema no es dejar enchufado un cargador, sino dejar uno de mala calidad o uno que esté dañado. Los cargadores originales y certificados suelen tener protecciones contra sobrecalentamiento o los cortocircuitos.
Sin embargo, los cargadores genéricos, al usar materiales más genéricos, hace que aumente el riesgo de que se produzcan fallos o calentamientos excesivos. Las principales señales de alerta sobre tu cargador son que esté demasiado caliente, que en el adaptador o en la carcasa tenga grietas, que el cable esté pelado, que huela a quemado o que dé chispazos cuando se conecte. Si te ocurre cualquiera de estas cosas, lo más recomendable es dejar de utilizarlo.