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El 25% de niños de 3 a 10 años consume bebidas energéticas

El 25% de niños de 3 a 10 años consume bebidas energéticas

El Ministerio de Consumo ha puesto ahora el foco en las bebidas energéticas. Uno de cada cuatro niños, de entre 3 y 10 años, las consume de forma habitual, “cuando no deberían tomarlas”, dice el ministro Alberto Garzón, y entre los adolescentes esa ingesta más frecuente de lo deseable se dispara hasta el 62%.

Las bebidas energéticas no son refrescos, aunque la mayoría de veces se vendan y consuman como tales al no existir ninguna regulación que ponga límites a la comercialización y publicidad de ese producto.

El ingrediente principal de esas bebidas es la cafeína, así que lo que se debate en este caso es un problema de salud. Un consumo elevado de ese estimulante puede tener consecuencias, principalmente entre los niños. Es lo que recoge un estudio elaborado por un comité científico de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan), presentado ayer por el ministro de Consumo, Alberto Garzón.

Ese trabajo alerta que “una persona que tome más de 1,4 miligramos de cafeína por kilo de peso al día puede sufrir insomnio, pero si el consumo aumenta a los 3 miligramos puede conllevar riesgos cardiovasculares y hemotológicos, neurológicos y psicocomportamentales”, revela Carmen Rubio, directora de este estudio.

Pero, ¿cómo se calcula la ingesta recomendada? Cada 100 mililitros de esas bebidas energéticas contienen 32 miligramos de cafeína. El estudio de Aesan recomienda, por lo tanto, que los niños de 11 a 13 años no tendrían que consumir al día más de 200 mililitros (eso es menos que una lata), mientras que para los adolescentes de 14 a 17 la ingesta aconsejada es de 250 mililitros y un máximo de 300 para los adultos. O dicho de otra manera, una persona que pesa entre 60 y 70 kilos tendría que limitar el consumo de bebidas energéticas a un máximo de 250 mililitros por día.

El ministro Garzón es consciente de que la cruzada iniciada desde su ministerio para poner coto al consumo de estas bebidas –asociadas muchas veces al rendimiento deportivo, como complemento para estudiar o alargar la noche, cuando se mezclan con alcohol– no va a ser tarea fácil.

“Además de regular, tenemos también que educar”, afirma Garzón. Se ha creado un grupo de trabajo para fijar los pasos “que vamos a dar a partir de ahora”. La complicidad de los fabricantes resultará clave, “para un etiquetado más claro”, así como un cambio en las normas para poder controlar los ingredientes y cantidad de los mismos contenidos en esas bebidas, “que no pueden seguir pasando como refrescos”, insiste el ministro.

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