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Más brócoli y menos chuletón: el nuevo plan de la UE para prevenir el cáncer

Más brócoli y menos chuletón: el nuevo plan de la UE para prevenir el cáncer

En la Unión Europea, a cerca de 2,7 millones de personas se les diagnosticó cáncer en 2020. En el mismo año, alrededor de 1,3 millones de europeos fallecieron a causa de esta enfermedad. Las previsiones de futuro no son muy halagüeñas. Según datos de la Comisión Europea, de aquí a 2035 se espera que los casos aumenten en un 25%, pasando a ser la principal causa de muerte. Ante esta situación, las instituciones han presentado un nuevo plan de lucha contra el cáncer (el anterior databa de 1990). Entre las medidas para la prevención de esta enfermedad, el Ejecutivo comunitario apuesta por una dieta con menos carne roja y procesada. 

Un poco de contexto: en 2015 la Organización Mundial de la Salud concluyó que un alto consumo de carne procesada (salchichas, hamburguesas, perritos calientes, etc) aumenta el riesgo de sufrir cáncer, ocupando la misma categoría que el alcohol y el tabaco. También determinó que la carne roja (res, ternera, cerdo, cordero, caballo y cabra) es “probablemente carcinógena”. De ahí que tanto la OMS como el Foro Mundial para la Investigación del Cáncer recomienden limitar el consumo de carne roja y evitar en la procesada.

Así, la nueva estrategia de la Comisión para prevenir el cáncer apuesta por una alimentación con más frutas, verduras y hortalizas, también con granos enteros, pero con menos carne roja y procesada, también menos bebidas azucaradas y sal, lo que reducirá el riesgo de cáncer y también de enfermedades cardiovasculares, diabetes y mortalidad en general. “La Comisión está llevando a cabo una revisión de la política de promoción de los productos agrícolas con el fin de mejorar su contribución a una producción y un consumo sostenibles y en línea con el cambio a una dieta basada en mayor medida en los vegetales“, señalan desde la institución. 

Así las cosas, los nutricionistas llevan años recomendando limitar el consumo de carne e invitando a los ciudadanos a buscar otras fuentes de proteínas. Por ejemplo, las legumbres. Para los que aún tengan dudas sobre qué comer, hay una herramienta creada por la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard para llevar una dieta sana y equilibrada: el plato para Comer Saludable de Harvard. 

¿En qué consiste? Básicamente, la mitad de nuestro plato debe estar integrado por verduras (no cuentan las patatas) y frutas. La otra mitad: un cuarto por granos (cereales) integrales ( pan de trigo integral, pasta de granos integrales y arroz integral) y el otro por proteínas saludables. En este último punto recomiendan limitar las carnes rojas y el queso, el beicon, las carnes frías (fiambres) y otras carnes procesadas. “Hay que priorizar pescados, aves, legumbres o nueces”, señalan.

La nueva estrategia europea también aborda el consumo de alcohol, ya que Europa tiene uno de los mayores niveles del mundo. Los médicos recomiendan no consumir alcohol, ni una copa. 

Según la Comisión, el cáncer atribuible a su consumo supone un grave problema sanitario pero pocas personas son conscientes de que sea un factor de riesgo. Por eso, consideran necesario “reforzar las políticas de control del alcohol para prevenir los casos de cáncer y las muertes atribuibles al alcohol”. ¿Cómo lo harán? Apoyando a los Estados miembros en la aplicación de políticas que busquen la reducción de la asequibilidad y disponibilidad del alcohol, la limitación de su publicidad y promoción, así como la sensibilización sobre el vínculo entre el consumo de alcohol y el desarrollo del cáncer. También revisará la legislación sobre los impuestos.

a pesar de que la preocupación creciente por el medioambiente y por la salud está llevando a la Unión Europea a plantear cambios en el consumo hacia una dieta más sostenible, con menos carne, se trata de un objetivo políticamente sensible en el que Bruselas avanza poco decidida ante los recelos que despierta, sobre todo entre los productores. 

El debate sobre la reducción del consumo de carne no es nuevo, pero se ha intensificado en particular desde la presentación el pasado mayo de la estrategia De la Granja a la Mesa, que pretende impulsar una producción agroalimentaria y un consumo más sostenibles. En el marco de esa iniciativa, Bruselas quiere revisar el programa de promoción para productos agrícolas y promover la investigación de fuentes de proteínas alternativas a la carne, en particular las de origen vegetal, marino o el consumo de insectos.

El borrador de la estrategia establecía metas más ambiciosas que el documento final, con una propuesta para dejar de estimular la producción y consumo de carne. Finalmente se obvió esa idea, aunque se incluyó como objetivo ayudar a paliar el impacto de la producción animal.

En este contexto, una de las ideas apoyadas por los ecologistas es aplicar un impuesto para compensar por los costes medioambientales de la producción de carne y lácteos, iniciativa que apoya la coalición de Países Bajos “True Animal Protein Price” (TAPP). 

La producción de carne es una de las principales fuentes emisoras de los gases de efecto invernadero que causan el cambio climático. Así, a medida que la población mundial crece y accede a una mayor calidad de vida también aumenta su consumo de carne y de lácteos, por lo que además de un problema de salud plantea un problema ambiental. 

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