Qué es la trombosis del viajero y cómo la podemos prevenir
La «trombosis del viajero«, también llamada «síndrome de la clase turista«, describe un problema de salud que afecta a dos de cada 1.000 personas: la trombosis venosa profunda (TVP). Esta afección puede tener varias causas; entre ellas, la poca movilidad, algo que sucede con mucha frecuencia en los viajes largos. El riesgo de sufrir una TVP se incrementa en los trayectos de más de ocho horas.
La trombosis venosa profunda (TVP) es una afección que tiene una incidencia de dos episodios por cada 1.000 personas. Y es potencialmente grave: la Sociedad Española de Médicos Generales y Familia (SEMG) señala que constituye la tercera causa de mortalidad cardiovascular en los países desarrollados, después de la cardiopatía isquémica y el ictus.
Entre los factores de riesgo, además de los antecedentes familiares y los trastornos trombofílicos hereditarios, destacan el índice de masa corporal elevado, el uso de anticonceptivos orales (especialmente los combinados) y la inmovilización prolongada. Este último escenario se produce con frecuencia en los viajes largos. De ahí que también se la llame «trombosis del viajero» o «síndrome de la clase turista», en alusión a los asientos y espacios pequeños (sobre todo, en un avión).
Los expertos recomiendan varias acciones sencillas durante el trayecto para mantener activa la circulación. La más importante es mantenerse activo durante el trayecto. Si es posible, conviene levantarse y caminar cada una o dos horas; en los viajes en coche, lo recomendable es hacer una parada para caminar al menos diez minutos.
También ayuda evitar cruzar las piernas o apoyar equipaje sobre ellas, ya que estas posturas dificultan el retorno de la sangre. Además, es esencial llevar ropa holgada y un calzado cómodo que no comprima las piernas. Las medias de compresión y los medicamentos anticoagulantes constituyen dos herramientas de prevención, pero solo deben utilizarse cuando un profesional sanitario los haya recomendado tras valorar el riesgo individual.
En el caso de los anticoagulantes, el riesgo es que pueden provocar hemorragias. Beber agua de forma regular ayuda a mantener una buena fluidez de la sangre y prevenir la deshidratación, aunque no sustituye la necesidad de moverse.

